Febrero es más que el segundo mes del año, es un mes enfocado en la conmemoración, la concientización y también en el que se refrenda la lucha por erradicar la problemática social y de salud que representa el cáncer, pero más allá de este objetivo en común, la Union for International Cancer Control también hace un llamado para que las instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil pongan al centro del discurso y la atención a los individuos afectados por la misma.
Bajo el lema “Unidos por lo único” se busca atender y subrayar el carácter único de cada paciente tocado por la enfermedad, escuchar sus historias marcadas por lo difícil del proceso oncológico, que en territorios como el nuestro más allá de la cuestión emocional y física se ven afectados por la burocracia y por una atención limitada por recursos y en algunos casos tristemente hasta inexistente.
Como plantea la UICC, el cáncer representa más que un diagnóstico médico, es un asunto profundamente personal que toca diversos ámbitos en la vida del individuo, desde su bienestar físico y psicológico, hasta sus redes familiares y comunitarias, la estabilidad económica o incluso su credo espiritual y la manera como se desenvuelve en su entorno.
Detrás de cada persona hay una historia humana única que amalgama el dolor, el miedo, la incertidumbre, el sufrimiento, la sanación, esperanza, resiliencia o el amor, etc. Además de darle la importancia necesaria, este enfoque en el valor único permite crear estrategias de atención personalizadas, en las cuales se prioricen las necesidades particulares con compasión y empatía, lo cual genera a largo plazo mejores resultados en salud.
La atención oncológica centrada en las personas requiere una transformación profunda y multifacética. La UICC sugiere algunos cambios prácticos que pueden marcar la diferencia:
Para construir un sistema de atención al cáncer compasivo y sensible, las personas que viven con cáncer deben participar activamente en la configuración de los servicios, las prácticas asistenciales y las políticas sanitarias. Su experiencia vivida, junto con los puntos de vista de los cuidadores y los grupos de defensa, pueden ayudar a identificar los retos e impulsar mejoras. Un sistema no puede responder a las necesidades de las personas que viven con cáncer si no se crea en colaboración con ellas.
La atención debe ser continua, coordinada y compasiva – extendiéndose a través del tratamiento, la supervivencia y el final de la vida, abordando los impactos a largo plazo, la dignidad, la alfabetización sanitaria y el apoyo a pacientes y familias.
La toma de decisiones debe ser equitativa e inclusiva, abordando barreras como la geografía, el idioma, los ingresos, la discapacidad y el estigma. Las estrategias contra el cáncer deben contar con la participación de los pacientes para garantizar que los servicios sean accesibles y tengan en cuenta las diferencias culturales.
Crear las condiciones para el cambio requiere la actuación de todo el sistema sanitario y de atención al cáncer. Esto incluye un liderazgo fuerte, políticas y regulaciones apropiadas y de apoyo, sistemas que recompensen la calidad y la colaboración, y una fuerza de trabajo preparada para ofrecer nuevos modelos de atención.
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